
Hace poco el diseñador gráfico Álvaro Sobrino, que fue presidente de ADG-FAD entre 2008 y 2012, sostenía que «he intentado comer bocadillos de visibilidad y no hay manera». Álvaro se refería concretamente a la demanda de colaboraciones gratuitas, pero su comentario irónico también sirve para reflejar el rechazo –cada vez más general entre los profesionales del diseño– hacia los concursos abiertos y no remunerados, que suelen poner sobre la mesa el etéreo argumento de aportar visibilidad y prestigio a los participantes.
ADG-FAD ha hecho un gran esfuerzo para difundir las buenas prácticas en la organización de concursos. Una de las acciones fundamentales fue la redacción, precisamente por parte de la junta presidida por Sobrino, de un documento donde explicamos nuestra postura y la apuesta por la modalidad del concurso restringido remunerado y regido por unas bases claras.
En los últimos años hemos asesorado la convocatoria de concursos de diseño de diversas empresas e instituciones como betevé, la Generalitat de Catalunya, la Escola Massana, la Oficina Antifrau de Catalunya y el Ayuntamiento de Alella.
¿Qué hace de estos casos un modelo a seguir? Fundamentalmente, la estipulación de unos criterios de selección técnicos y objetivos, la elección de los estudios finalistas a partir de la evaluación de sus portafolios y la propuesta de honorarios para los tres estudios elegidos. Es, en suma, un modelo basado en la profesionalidad y la búsqueda de la eficacia.
Si estáis interesados en tener y difundir el documento oficial de ADG-FAD sobre concursos de diseño, lo podéis solicitar escribiendo a adg@adg-fad.org.