ADG

¿Y si el diseño puede

transformar la sociedad?

Estamos en el inicio de un camino apasionante: hacer del diseño una herramienta de cambio social.

Fotografía: Xavier Padrós / Museu del Disseny de Barcelona

En esta breve entrevista, Raquel Pelta nos explica qué es y qué objetivos tiene la nueva iniciativa de ADG-FAD bautizada como Diseño para el bien social, que ella misma está impulsando.

¿Qué es el Diseño para el bien social?
Es el diseño orientado a causas de interés social. Dicho de otro modo, utilizar el potencial transformador del diseño para trabajar en la resolución de problemas sociales.

¿Qué problemas, en qué contextos?
En todos los ámbitos pueden darse situaciones que requieran un enfoque de sensibilización, de empoderamiento, de provocar cambios positivos en las condiciones de vida. El diseño puede ser un medio para ayudar a conseguirlo.

¿Nos puedes dar un ejemplo?
El caso de un grupo de chicos en riesgo de exclusión social, donde hay que identificar situaciones conflictivas, trabajar los aspectos relacionales, reforzarles la propia autonomía... Una tarea colectiva como diseñar una publicación o una serie de carteles puede incidir positivamente en la cohesión, la resolución de conflictos dentro del grupo y el incremento de la autoestima.

En qué estadio se encuentra esta iniciativa?
Es un proyecto piloto en fase de concreción, que presentamos ‘oficialmente’ en la jornada Disseny per Viure (Barcelona Disseny Hub, 25/11/2016). Aunque llevo años trabajando en la teoría, ahora es el momento de concretar, sistematizar el contenido y empezar a actuar.

Cuéntanos cómo se desarrollará.
La iniciativa tiene tres grandes ejes: establecer una plataforma de reflexión; definir, realizar y medir acciones concretas; y buscar financiación para asegurar la profesionalización pluridisciplinar de este ámbito.

Así pues, ¿tiene una dimensión profesional?
Sí, y eso es clave. Debemos entender desde el primer momento que el diseño para el bien social es un ámbito profesional. No es un proyecto asistencialista ni caritativo, sino un conjunto de procesos de trabajo que parten de las prácticas profesionales del diseño y que introducen y se centran en un objetivo social.

¿Hay alguna experiencia previa que marque la pauta?
En el contexto internacional, cabe destacar el proyecto Design for Good, que puso en marcha el AIGA hace unos años. A nivel local, hay casos incipientes, muy interesantes, como algunos programas de estímulo de la creatividad infantil que se desarrollan en el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona.

Una vez iniciado Diseño para el bien social, ¿qué viene ahora?
Pasar a la acción y por eso debemos crear complicidades, crecer en red y demostrar que este tipo de intervenciones funcionan.

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