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Una historia de

la Europa optimista

La muestra 'Los suizos de París' explora una de las grandes aventuras profesionales del diseño del siglo XX

Jean Widmer: logo del Centre Georges Pompidou (1977). Fuente: Museum für Gestaltung Zürich

Siempre volvemos al diseño suizo. A su funcionalidad, a su comunicación limpia, a esa objetividad que es tan fácil de identificar con una Europa segura de sí misma. Las imágenes de la escuela suiza de los 50 y los 60 nos apelan recurrentemente, con fuerza. Tal vez porque transportan ecos de certeza y confianza. Si a esa autoestima le sumamos la ebullición del París de la época, una ciudad con ganas de olvidar la guerra mundial y estrenar una nueva cara, el resultado es una de las grandes historias del diseño gráfico europeo.

El contexto de los grafistas que en la posguerra salían de las aulas de Basilea, Berna, Lucerna y Zurich era una sociedad rica, ordenada y un poco aburrida. El mercado suizo, maduro y pequeño, estaba copado por los diseñadores de la generación precedente. Así que unos cuantos jóvenes (entre ellos, Ruedi Baur, Adrian Frutiger, Albert Hollenstein, Anna Monika Jost, Peter Knapp, Bruno Pfäffli, Jean Widmer, Sonja Knapp y Peter Wyss) hicieron las maletas hacia uno de los grandes focos de atracción en el paisaje prometedor de la Europa optimista. París ofrecía estímulos, proyección y trabajo, y en el campo del diseño parecía que todo estaba por hacer. Las editoriales y agencias de publicidad, los grandes establecimientos comerciales, las revistas y los talleres de moda, las instituciones culturales... todos mostraban hambre por un diseño nuevo, que rompiera con el pasado.

Peter Knapp (Director de Arte), Brian Duffy (Foto): 'D’un oeil neuf, les nouveaux tricots' (Elle núm. 944, 1964). Fuente: Museum für Gestaltung Zürich

Los suizos no tardaron mucho en impresionar a sus clientes. Tenían un gran bagaje formativo, mucha disciplina y un discurso conceptual muy trabado. Consiguieron conectar con los anhelos de una sociedad abierta a la innovación, de un bienestar dinámico y con un consumo en expansión. Las revistas Elle y Adam, las galerías Lafayette y la fundición tipográfica Deberny & Peignot fueron las primeras marcas a probar aquella calidad helvética, diferente a todo el diseño gráfico que habían visto antes pero a la vez muy arraigada en las tradiciones de pre-guerra: el racionalismo, las vanguardias, la Bauhaus... La influencia de los suizos de París fue más allá del ámbito comercial. Saltó a la academia, con numerosas contribuciones docentes, y también al mundo de las artes visuales, con conexiones profundas con movimientos como el Op Art y el Pop. El paso del tiempo profundizó la trascendencia de esta huella, que finalmente sería clave para entender el diseño francés de los años 80.

Todo esto se explica a través de piezas y obras originales en la imprescindible muestra Les suïsses de Paris, que ha comisariado Barba Junod en el Museo del Diseño de Zurich. En diferentes áreas temáticas, se despliega el trabajo de 20 de aquellos grafistas jóvenes que a partir de 1950 comienzan a aterrizar en la capital francesa. Allí, su talento versátil y su actividad interdisciplinar contribuyeron decisivamente al relato visual de aquella Europa feliz.

 

Jean Widmer: 'Galeries Lafayette' (1959). Fuente: Museum für Gestaltung Zürich
Los suizos no tardaron en impresionar a sus clientes parisinos. Tenían un gran bagaje formativo, mucha disciplina y un discurso conceptual bien trabado.
Adrian Frutiger: tipografía Frutiger desarrollada originalmente para el aeropuerto Charles de Gaulle (1975). Fuente: paredro.com
Bruno Pfäffli: catálogo para Pierre Disderot Luminaires (1965-1968). Fuente: Museum für Gestaltung Zürich

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