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El mito Leica

“Beso cálido, disparo de revólver, sofá de psicoanalista"

Leica I (1927)

La pasión del ingeniero Oskar Barnack por la fotografía se daba de bruces con su asma. Se ahogaba cuando intentaba montar, levantar y transportar los pesados equipos de la época, trípode incluido. Tenía que encontrar una solución, le gustaba demasiado hacer fotos. Convenció a su jefe, Ernst Leitz, dueño de una empresa de microscopios en la ciudad alemana de Wetzlar, para que le dejara tiempo y algo de fondos para intentar desarrollar lo que, por otra parte, era el sueño de un número cada vez mayor de aficionados: una cámara de funcionamiento más práctico y dimensiones más cómodas que los armatostes de madera de principios del siglo XX.

En 1913, Oskar Barnack presentó el primer prototipo de la cámara Leica. Asombrosamente pequeña, manejable, ligera y rápida. Incorporaba una película de 35 mm y la famosa lente Elmar, creada por un colega de trabajo, el óptico Max Berek. Aún faltaban 12 años para que la empresa Leitz decidiera comercializar la Leica –que, precisamente, significa LEitz CAmera–. Cuando por fin salió al mercado, a finales de los años 20, su éxito fue fulgurante. 

Leica no tardó en convertirse en sinónimo de fotoperiodismo. La pequeña máquina permitió dejar atrás el formalismo estático que imponían los viejos equipos. La fotografía ganó frescura, capacidad narrativa, ubicuidad y un carácter más democrático. Con los nuevos profesionales que llevaban la Leica a todas partes, se aceleró la consolidación de la prensa ilustrada. La década de los 30 vio la eclosión de cabeceras míticas, como Life y Picture Post. Empezaba la época de los grandes reportajes fotográficos, muchos de ellos realizados con los sucesivos modelos de Leica. 

En la historia de la comunicación visual, nombres como el de Robert Capa, Henri Cartier-Bresson, Robert Frank y Alberto Korda están ligados para siempre a Leica. Entre los españoles, Leopoldo Pomés, Ricard Terré, Ramon Masats y Alberto García-Alix han trabajado con la marca. A Cartier-Bresson, que fue uno de los fundadores de la agencia Magnum, le debamos la mejor definición de la cámara: "La Leica se siente como un beso cálido, como el disparo de un revólver, como el sofá de un psicoanalista".

Fotografías de Alberto Korda, Bruce Davidson, Henri Cartier-Bresson

En las últimas décadas, Leica superó los retos de la digitalización. Reforzó sus dos puntos fuertes, la tecnología y el carácter icónico, y se convirtió en un preciado objeto de deseo. Una red de ‘boutiques’ en ciudades emblemáticas ejemplifica esa capacidad de trascender lo puramente funcional. Desde hace cuatro años Barcelona cuenta con una de esas Leica Boutiques. Está integrada dentro de Casanova Foto, el comercio de referencia para profesionales y aficionados a la fotografía. Tenemos la fortuna de que Casanova Foto es, además, una de las empresas colaboradoras de los premios Laus.

La relevancia de Leica ha merecido numerosas monografías y exposiciones, como la que se puede ver hasta el 10 de septiembre en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid, en el marco de PhotoEspaña. Una ocasión única para contemplar 400 obras maestras realizadas con una Leica.

Leica Boutique de Casanova Foto (Ronda de Sant Pere, 35, Barcelona)

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